Ecumene
"Ser internacional, en el sentido que hoy lo exige la opinión pública, sería, para nosotros, hombres intelectuales, no sólo una falta de gusto, sino también una falta de honradez, un arbitrario embrutecimiento de nuestra mejor ciencia y conciencia."
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____________________________________________________________________________________Friedrich Nietzsche
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"Quiero estar en cualquier lado, con tal de que sea fuera del mundo."
__________________________________________________________________________________________Baudelaire
"El sentido del mundo debe encontrarse fuera del mundo. No hay valor en él."
_________________________________________________________________________________________Wittgenstein
__________________________________________________________________________________________Baudelaire
"El sentido del mundo debe encontrarse fuera del mundo. No hay valor en él."
_________________________________________________________________________________________Wittgenstein
Ecumene, espacio dedicado a ofrecer una visión plural sobre los acontecimientos más destacados en el ámbito del quehacer internacional; a través de documentos, reportajes, mesas de análisis y debates en general, que recogen con seriedad y rigor los más diversos tópicos.
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El proyecto sudamericano
Al iniciarse el siglo XXI, América Latina presenta características muy heterogéneas. Por un lado, el conjunto de países que la integran tiene considerables reductos de subdesarrollo. Por otro lado, son países con una cultura bastante homogénea, a pesar de que existen entre ellos importantes diversidades nacionales. Esto se observa más fácilmente desde fuera y, particularmente, en el contraste entre América Latina y Estados Unidos. El contraste se hace evidente en las distintas medidas en que en ambos universos se encuentran desarrollados los valores humanistas y las condiciones tecnológicas. Estados Unidos representa el universo del know-how y posee la más avanzada y difundida tecnología del mundo. América Latina, por el contrario, apenas se está tecnificando parcialmente, pero conserva, por otro lado, un alto grado de humanismo, tanto en la cultura erudita como en la popular. Es interesante observar que el humanismo, en Estados Unidos, constituye una especialidad académica, mientras que en América Latina es una práctica cotidiana, realizada por la gente de manera natural y sin tener conciencia de ello.Ahora bien, en nuestros días, el mundo ha perdido gran parte de su sentido para la vida del hombre. El consumismo no proporciona una respuesta ante los momentos trágicos de la vida de todos los hombres, que culminan con la muerte. Además de una improbable restauración de las creencias religiosas en Occidente, lo único que puede dar sentido a la vida humana es un nuevo humanismo. Un humanismo que posea los ingredientes del humanismo clásico, de los griegos hasta los grandes humanistas contemporáneos como Max Scheler, Jaspers, Ortega; un humanismo al que hay que agregar un profundo sentido social y ecológico. Ése es el legado de América Latina. En verdad, todo indica que la región, aunque lentamente, se está tecnificando y desarrollando, preservando, sin embargo, su legado humanista. Y este legado es precisamente algo de lo que carecen Estados Unidos y el resto del mundo en general.
EL CONO SUR
Es importante considerar, en el cuadro evolutivo del sistema internacional y de la cultura occidental, el caso del Cono Sur. Hay que señalar, en relación con esta zona de América Latina, el hecho de que en ella se encuentran los países que han alcanzado el nivel de desarrollo más elevado de esta región, además de México. Por otro lado, debemos considerar que los países del Cono Sur, con la excepción temporal de Chile, lograron instituir un importante sistema de integración, el Mercosur, que ya tiene más de 10 años de éxito, y aunque ha tenido muchos problemas, ninguno de ellos es irresoluble. La clave del Mercosur es la alianza estratégica argentino-brasileña. Después de un largo periodo de competencia retórica por la hegemonía regional, Brasil y Argentina entraron, desde el acuerdo de Itaipu, en un régimen de creciente colaboración. Hoy en día, los gobiernos de Kirchner y Lula están formando, con objetivos de largo plazo, una alianza estratégica que ya está ampliando significativamente sus respectivos espacios de permisibilidad internacional. En el mundo actual, ésta es la única posibilidad realista de alcanzar el desarrollo de estos dos países sudamericanos de manera aislada. Esto lo comprendieron muy bien los dirigentes argentinos y brasileños, con amplio respaldo de sus respectivos pueblos. La alianza estratégica argentino-brasileña constituye el eje de la consolidación y el éxito del Mercosur. Éste, a su vez, constituye el eje de consolidación de la Comunidad Sudamericana de Naciones, con vistas a llegar a establecer un sistema sudamericano de libre comercio y cooperación. Un sistema con estas características, en la medida en que logre mantener satisfactoriamente la unidad en su interior, podría llegar a convertirse en un protagonista importante del sistema internacional en el curso del siglo XXI. Una discusión más amplia de este importante asunto, que implica la formación de un sistema sudamericano de libre comercio y cooperación, exigiría dimensiones superiores a las de esta exposición. Me limitaré, por ello, a abordar brevemente dos puntos esenciales: la cuestión del ALCA y la posición de Chile.
EL ALCA
Tal como ha sido formulado por Estados Unidos, el proyecto del ALCA es solamente un intento de abrir Sudamérica a la penetración de las empresas y los bienes y servicios estadounidenses, en nombre de un falaz multilateralismo que sólo beneficia a Estados Unidos. Ésa es la razón por la cual Brasil y Argentina, que se encuentran a la cabeza del conjunto del Mercosur, se oponen a la formulación estadounidense y han declarado que aceptarán el proyecto del ALCA sólo si se suprimen de él todas las cláusulas y las condiciones que favorecen una relación poco igualitaria entre Estados Unidos y los países sudamericanos. Es difícil prever lo que va a resultar de las negociaciones sobre el ALCA. Me parece más bien que, en relación con el conjunto de estos países, tal vez se llegue a una fórmula intermedia y cautelosa, que no tendrá consecuencias importantes. No obstante, muchos países andinos son favorables al proyecto estadounidense y el Mercosur no podrá disuadirlos de adherirse a él. Ante tal situación, Argentina y Brasil están proponiendo a los países andinos que se adhieran al ALCA, si les conviene, siempre que aseguren al Mercosur las mismas ventajas que concedan a Estados Unidos y reciban reciprocidad de parte del Mercosur. Creo, finalmente, que esa tendencia será la que prevalezca.
EL CASO DE CHILE
Es importante en este punto abordar, muy brevemente, el caso de Chile. A diferencia de los demás países del Cono Sur, Chile no se adhirió al Mercosur, aunque sí mantiene con éste un acuerdo de cooperación. La principal objeción chilena, tal como fue oficialmente formulada, es que Chile optó por tarifas externas inferiores a las adoptadas por el Mercosur, lo que ocasionaría, en el caso de llevarse a cabo la afiliación de Chile, una elevación de sus tarifas que no le parece conveniente. Aunque el problema arancelario sea significativo, me parece que la posición de Chile debe ser enfocada a partir de otra perspectiva. En lo esencial, creo que en las condiciones actuales Chile se encuentra ante una alternativa fundamental: optimizar sus actuales posibilidades exportadoras hacia el gran mercado estadounidense y el resto del mundo y, además, disponer de un acceso favorable al mercado de capitales de Nueva York, o bien realizar una mejoría en su industrialización, que eleve significativamente su capacidad de autoabastecimiento de bienes industriales y le abra un mercado externo de crecientes posibilidades para las exportaciones industriales que esa orientación le permitirá. En otras palabras: Chile puede optar, como lo está haciendo, por convertirse en una especie de Costa Rica grande, o podría optar por algo que, desde mi punto de vista, le convendría más: convertirse en una Suecia del Sur. Una discusión más pormenorizada de esa cuestión rebasaría, nuevamente, las dimensiones de esta exposición. Me limitaré a exponer algunas breves consideraciones. En primer lugar, hay que subrayar el hecho de que un esfuerzo de industrialización (para el cual, además, Chile dispone de importantes capitales propios) no excluye la actividad exportadora de bienes primarios. No es necesario afiliarse a la fórmula estadounidense del ALCA para que Chile exporte frutas templadas, sobre todo durante el invierno boreal, y siga exportando cobre. Adhiriéndose al Mercosur -- y creo que, en este sentido, podría llegar a un acuerdo en materia arancelaria -- , Chile se encontraría en condiciones para llevar a cabo una acelerada industrialización y se convertiría, como dije antes, en una Suecia del Sur. Hay que mencionar, además, que el acceso a los capitales de Nueva York depende, más que nada, del crecimiento interno de Chile y, en caso dado, del éxito de sus esfuerzos de industrialización.
Por otro lado, hay que subrayar que el modelo económico actualmente adoptado por Chile no tiene posibilidades de mantenerse en el largo plazo. Es ampliamente reconocido el hecho de que los productos primarios, como las frutas, el salmón, el cobre, etc., que constituyen la base exportadora de Chile, no tienen posibilidades amplias de expansión y están condicionados por precios modestos, en comparación con los productos de alto valor agregado. ¿Cómo lograr, en el largo plazo, satisfacer las demandas de una sociedad tan sofisticada como la chilena, partiendo de la base de una producción de bajo valor agregado? Es necesario también subrayar el importante papel industrial y cultural que Chile puede llegar a tener en Sudamérica y en el mundo. Además de convertirse en una especie de Suecia del Sur, un diversificado parque industrial chileno proporcionaría una sólida base para la expansión y difusión de la cultura chilena, esa gran cultura latinoamericana que posee un vasto legado humanista, desde Pablo Neruda hasta figuras señeras de la actualidad chilena, como Gabriel Valdés, ese príncipe de los hombres de Estado latinoamericanos, o como Osvaldo Sunkel, gran economista, o como Luciano Tomassini, admirable ejemplo en nuestros días de la figura del intelectual comprometido.
Helio Jaguaribe
Foreign Affairs en Español, Abril-Junio 2005
Cómo las pandillas invadieron América Central
MIENTRAS WASHINGTON DORMÍAEn diciembre pasado, un autobús que atravesaba la ciudad norteña de Chamalecon en Honduras fue detenido por unos gatilleros. Los asaltantes rápidamente rodearon el autobús y abrieron fuego con rifles AK-47, dando muerte a 28 pasajeros. Como revelaría después la policía, los agresores habían sido miembros de una célebre pandilla callejera conocida como la Mara Salvatrucha (o MS-13) y habían escogido a sus víctimas al azar. La masacre nada tenía que ver con la identidad de las personas a bordo; su propósito era lanzar una protesta y una advertencia contra las enérgicas medidas gubernamentales sobre las actividades de la banda en el país. (Tiempo después, en febrero, agentes estadounidenses arrestaron en la ciudad texana de Falfurrias a Ebner Aníbal Rivera Paz, sospechoso de ser responsable intelectual del ataque.) El atentado y el posterior arresto fueron tan sólo la señal más reciente del creciente poder de las pandillas centroamericanas y de su capacidad de desplazarse entre sus países natales y Estados Unidos. En los últimos años, mientras Washington ha concentrado su atención en Medio Oriente, prácticamente ha desdeñado un fenómeno peligroso cerca de casa. Bandas ultraviolentas de jóvenes, engendradas en los ghettos de Los Angeles y otras ciudades estadounidenses, han emigrado lentamente a América Central, donde se han transformado en poderosas redes delictivas transfronterizas. Mientras Estados Unidos se preocupa por los sucesos de otras partes, las pandillas han incrementado su poder y su número; a la fecha, funcionarios locales estiman su tamaño entre 70000 y 100000 miembros. Las "marabuntas" o "maras", como se les conoce (por el nombre de una especie mortífera de hormigas), hoy representan el desafío más peligroso para la paz en la región desde el final de las guerras civiles centroamericanas. Pero el peligro no se restringe a la región. Alimentadas por un crecimiento explosivo de la población joven en el área y por un sinnúmero de problemas sociales como la pobreza y el desempleo, las pandillas se están esparciendo, desparramándose dentro de México y más allá, incluso de regreso a Estados Unidos. Junto con ellas, las "maras" están elevando los índices de delincuencia, cometiendo miles de asesinatos y contribuyendo a la prosperidad del narcotráfico. Por su parte, los gobiernos centroamericanos parecen totalmente incapaces de enfrentar el desafío, al carecer de destrezas, conocimientos operativos y del dinero necesario para combatir a estas superpandillas. Las soluciones intentadas hasta ahora -- en gran medida acotadas a operaciones militares o policiacas -- sólo han agravado el problema; las prisiones funcionan como escuelas de especialización para el hampa, y las acciones militares sólo han dispersado a los cabecillas de las pandillas, dificultándose así más que nunca la persecución y captura de los jefes. Si América Central ha de hacer algo para detenerlas, debe hacerlo pronto. Y ha de acogerse a otro planteamiento que sea multilateral, que combine el trabajo policiaco con la prevención y ataque frontalmente los males endémicos de la región. Sólo un programa multidisciplinario como el descrito podrá detener el crecimiento de las "maras". Por fortuna, ya se tienen los conocimientos prácticos necesarios: en Estados Unidos, ciudades como Boston y San Jose han emprendido campañas muy exitosas contra las bandas, que podrían ser emuladas al sur de la frontera. El problema de América Central es de voluntad política, financiamiento y de elegir los momentos oportunos. Washington puede ayudar en los tres campos, y debería hacerlo. No sólo porque el problema amenaza a Estados Unidos, sino también porque ahí fue donde empezó.
EN EL GHETTO
Las raíces de la presencia de las "maras" en América Central pueden rastrearse desde 1992. Como consecuencia de los disturbios de Los Angeles, su departamento de policía determinó que la mayor parte de los saqueos y la violencia había sido llevada a cabo por pandillas locales, entre ellas la Mara Salvatrucha, por entonces un grupo poco conocido de inmigrantes salvadoreños. (Mara es una palabra en la jerga de la delincuencia, que significa "pandilla", y trucha, "persona astuta".) En respuesta, California puso en vigor nuevas y estrictas leyes antipandillas. Los fiscales empezaron a fincar cargos a pandilleros jóvenes como adultos y ya no como menores de edad, y cientos de jóvenes delincuentes latinos fueron enviados a la cárcel por delitos penales y otros delitos graves. Luego vino la legislación de "tres faltas y estás acabado" ("three strikes and you're out"), aprobada en California en 1994, que elevó notablemente los periodos de condena carcelaria para los delincuentes sentenciados por tres o más delitos. En 1996 el Congreso extendió la estrategia de endurecer las penas a la ley de inmigración. Los no ciudadanos [estadounidenses] sentenciados a un año o más de prisión serían ahora repatriados a sus países de origen, e incluso los delincuentes estadounidenses nacidos en el extranjero podrían ser objeto de la cancelación de su ciudadanía y ser expulsados después de cumplir sus sentencias en prisión. La lista de delitos sujetos a deportación se incrementó, llegando a incluir faltas menores como conducir automóviles bajo los efectos del alcohol y robos de baja monta. Como resultado, entre 2000 y 2004, alrededor de 20000 jóvenes delincuentes centroamericanos, cuyas familias se habían establecido en los arrabales de Los Angeles en la década de 1980 tras escapar de las guerras civiles en sus países, fueron deportados a países que apenas conocían. Muchos de ellos eran angloparlantes nativos que habían llegado a Estados Unidos desde muy pequeños, pero que nunca se tomaron la molestia de procurarse la residencia legal o la ciudadanía.
Los deportados llegaron a América Central con pocas expectativas que no fueran sus conexiones con su pandilla; muchos eran miembros de la MS-13 y otro grupo delictivo de Los Angeles, la Pandilla de la Calle 18 (que adoptó el nombre de Mara 18, o M-18, en América Central). Los gobiernos locales -- que estaban tratando desesperadamente de reconstruirse tras una década de conflicto civil -- no tenían idea de quiénes eran en realidad sus nuevos ciudadanos: los nuevos reglamentos estadounidenses de inmigración prohibieron a los funcionarios del país revelar los antecedentes penales de los deportados. Como era de predecirse, el resultado fue desastroso. Al principio, pocos funcionarios centroamericanos centraron su atención en los arribos recientes. Pero los deportados, con sus tatuajes estrafalarios, su espanglish y sus actitudes contra la autoridad pronto se hicieron muy notorios. Poco después de su llegada, la cocaína crack fue introducida en El Salvador, y los arrestos relacionados, que en 1995 se ubicaban en un solo dígito, se elevaron a 286 tres años después. Para 1999, términos como "bebés del crack" y "escondrijos del crack" se volvieron tan comunes para los lectores de los diarios salvadoreños como sucedía con los lectores de Los Angeles. Entre tanto, la misma tendencia se daba en Honduras y Guatemala. "Estos muchachos llegaban a territorio nuevo y se dedicaban a hacer lo que sabían hacer mejor", como dijo Lou Covarrubiaz quien, habiendo sido jefe de policía de San Jose, se convirtió en entrenador policiaco en El Salvador.
En los años siguientes continuaron las deportaciones. Conforme más y más miembros duros eran expulsados de Los Angeles se incrementaba el número de "maras" centroamericanas, que hallaban reclutas dispuestos entre la amplia población de la juventud carente de derechos civiles (según las Naciones Unidas, 45% de los centroamericanos tienen 15 años de edad, o menos). En El Salvador (país con 6.5 millones de habitantes), las pandillas alardean tener unos 10000 miembros nucleares y 20000 jóvenes asociados; en Honduras (con una población de 6.8 millones), las autoridades estiman que la población de pandillas llega a los 40000. Su edad media es de apenas 19 años de edad, aunque sus cabecillas están en los últimos años de los 30 y en los cuarenta. Hoy día, las pandillas combaten con regularidad entre sí y con la policía por el control de los vecindarios obreros e incluso de ciudades enteras. Se cree que 15 municipios de El Salvador son gobernados de hecho por las maras. Actualmente, Soyapango, un aguerrido vecindario obrero de San Salvador que alguna vez fue hogar de guerrillas izquierdistas, es objeto de una feroz lucha territorial entre miembros de la M-18 y la MS-13. Conductores de autobuses municipales se han negado a cruzar el área desde que tres de sus colegas fueron asesinados por pandilleros en abril de 2004, y se ha calculado que unas 300 familias huyeron del vecindario el año pasado. La M-18, con sus contactos con la pandilla estadounidense de la Calle 18 (a la que el FBI llama "megapandilla"), está mejor organizada que su rival local, pero en ambos casos la función de las maras es constituir familias sustitutas -- si bien ultraviolentas -- para sus miembros. A menudo reclutando niños que apenas llegan a los nueve años, las pandillas inician a sus miembros con palizas: tres miembros mayores darán puñetazos y patadas sin parar al recluta durante 13 segundos. Cuando se recuperan, los nuevos miembros admitidos en la pandilla se dedican al robo o delitos menores o sirven de vigilantes para los miembros mayores. Sus camaradas más avezados, por su parte, se ocupan en la venta de drogas, el robo de casas y en los asesinatos por encargo. Los miembros de las maras también actúan como soldados de infantería para redes preexistentes del narcotráfico y para organizaciones internacionales de robo de autos, y efectúan sofisticadas operaciones de contrabando de indocumentados. Gracias a su trabajo, la delincuencia generalizada se ha incrementado notablemente en toda la región. Hoy Honduras tiene una tasa de homicidios de 154 por 100000 habitantes, más alta incluso que la de Colombia, donde, a pesar de la actual guerra civil, la tasa de homicidios es de apenas 70 por 100000.
LA MANO DURA
En 2002 las repúblicas centroamericanas, preparadas para la batalla, empezaron a contraatacar. La carga la encabezó Honduras, donde Ricardo Maduro, graduado en Stanford, fue elegido presidente en noviembre de 2001 enarbolando un programa de endurecimiento. Maduro, cuyo hijo había sido asesinado en un intento de secuestro en 1997, introdujo una serie de leyes de "tolerancia cero", con lo que facultaba al gobierno a encarcelar a personas hasta por 12 años por la mera sospecha de pertenecer a una pandilla (sospecha determinada a menudo por la presencia de tatuajes distintivos, que los miembros llevan en sus cuellos, brazos y piernas). La política de "mano dura" de Maduro tuvo un impacto inmediato, y en El Salvador pronto se adoptó un programa similar. Muchos jóvenes pandilleros fueron sacados de las calles y encarcelados. Al cabo de un año el sistema penitenciario hondureño había rebasado su capacidad en más de 200%, cosa que provocó varios motines en las cárceles en abril de 2003 y mayo de 2004. Ahora Guatemala, Panamá y Nicaragua están considerando adoptar programas similares. Sin embargo, a pesar de las primeras señales de éxito, hubo grupos defensores de los derechos humanos que criticaron acremente la nueva política de línea dura, y los gobiernos locales pronto empezaron a reconocer lo que los funcionarios estadounidenses habían aprendido a principios de la década de 1990: que una legislación dura por sí sola no puede resolver el problema de las pandillas. América Central estaba tratando de deshacerse de la problemática de las bandas sin proporcionar los programas sociales y educativos que, para empezar, mantendrían a los chicos fuera de las bandas o los persuadirían a abandonarlas. Según Covarrubiaz (el ex policía de San Jose), los programas de endurecimiento "funcionan temporalmente, pero no atacan el verdadero problema". Esto pronto se hizo obvio en toda la región. Las maras tomaron represalias contra las medidas enérgicas adoptadas en su contra lanzando una oleada de violencia al azar. Poco después de la introducción de las nuevas leyes antipandillas, jóvenes víctimas empezaron a ser asesinadas y decapitadas; al menos una docena de cuerpos decapitados fueron encontraron en Honduras y Guatemala, espantoso símbolo de que el poder de las maras no había disminuido. Cuando los cabecillas de las pandillas eran encarcelados, surgían nuevos jefes para reemplazarlos. La MS-13 y la M-18 comenzaron también a explorar en el extranjero para hallar un terreno más hospitalario, volviendo su mirada primero a México y luego otra vez a Estados Unidos.
RUMBO A CASA
En Tapachula, ciudad mexicana en la frontera con Guatemala, las maras empezaron a tomar sus víctimas entre los inmigrantes pobres que se dirigen al norte para entrar ilegalmente a Estados Unidos. Lisiar y asesinar a estos trabajadores indocumentados se convirtió en una especie de mensaje de comercialización de las pandillas: se enviaba una advertencia de que sólo quienes pagaran a los "coyotes" (que suelen cobrar de 5000 a 8000 dólares por persona) asociados a las pandillas para poder internarse en Estados Unidos lo harían vivos. Entre tanto, la MS-13 fijó sus actividades en siete estados mexicanos, desde Chiapas en el sur hasta Tamaulipas, en la frontera con Estados Unidos. De acuerdo con el Instituto Nacional de Migración [mexicano], la MS-13 rápidamente estableció relaciones de trabajo con diversos nuevos cárteles de drogas de México, ayudándoles a luchar por el control de varios mercados estadounidenses de narcóticos con camarillas de contrabandistas más constituidas. Mientras tanto, al tiempo que se expandían hacia el norte, las maras dejaron en el camino lo que se había convertido en su marca de fábrica tradicional: los cuerpos torturados de mujeres jóvenes. En los dos últimos años, los miembros centroamericanos de la MS-13 han comenzado a volver al propio Estados Unidos. Sin embargo, esta vez aparecen en áreas no tradicionales, desde la ciudad de Nueva York a los suburbios de Maryland y Massachusetts, cualquier zona donde haya números significativos de población de origen salvadoreño. Las autoridades locales desconocen a menudo las verdaderas identidades de los recién llegados, creyendo que proceden del sur de California. Una vez instaladas, las pandillas crecen rápidamente, valiéndose de sus contactos con los grupos que contrabandean extranjeros para así asegurarse una constante fuente de reclutas. Muchos de los miembros nuevos son niños que se habían quedado en América Central cuando sus padres entraron ilegalmente a Estados Unidos en las décadas de 1980 y 1990. Ahora se están reuniendo con sus padres, pero con frecuencia después de que ya han sido reclutados por las maras en los duros vecindarios donde crecieron.
La MS-13 pudo haberse originado en Estados Unidos a principios de los ochenta, pero la pandilla que ha vuelto a últimas fechas es mucho más peligrosa que su encarnación original. El grupo se ha hecho más sofisticado y ahora exhibe su gusto por (y su destreza en el manejo de) armas de más alto poder (en América Central se obtienen fácilmente rifles AK-47, remanentes de las recientes guerras civiles). Al mismo tiempo en el área de Washington, D.C., donde ahora la MS-13 tiene unos 5000 miembros, ha empezado a utilizar machetes (arma tradicional del campesino centroamericano) como arma preferida para el asesinato. En todo Estados Unidos las maras que regresan se han dedicado rápidamente a una diversidad de actividades delictivas. "No son lo suficientemente sofisticadas como para involucrarse en los delitos financieros", dijo un funcionario estadounidense, "pero pueden ganar mucho dinero acarreando gente a Estados Unidos." Las pandillas se dedican al robo de autos y otras cosas y trafican con documentos robados, mariguana, cocaína y metanfetaminas, y para ello utilizan a niños como mensajeros y para distraer a la policía. "Al vestir como ellos a los chicos de la comunidad y organizarlos como pequeñas bandas infantiles pueden desviar la atención de los miembros mayores", dijo el detective Tony Moreno del Departamento de Policía de Los Angeles (LAPD). Además de los problemas habituales causados por tal actividad, las maras se han constituido recientemente como otra amenaza más específica a la seguridad. En septiembre de 2004, funcionarios de Estados Unidos se vieron muy preocupados cuando las autoridades hondureñas notificaron que habían visto en Tegucigalpa a un conocido agente de Al Qaeda llamado Adnan G. El Shukrijumah, y circularon rumores de un encuentro entre miembros de la Jihad y las maras. Pronto los funcionarios centroamericanos negaron la versión de que tal encuentro hubiera tenido lugar. Pero el peligro de que se establezca tal enlace sigue siendo real: "Si pueden traer ilegalmente a gente que busca un empleo [en Estados Unidos]", dijo Joe Torres, funcionario de inmigración, "pueden traer gente interesada en el terrorismo".
EL JUEGO DE LAS CULPAS
En la misma medida en que han crecido las pandillas centroamericanas, se ha elevado el debate sobre quién es el culpable de ello. Algunos funcionarios gubernamentales de América Central han acusado a Estados Unidos de imponerles el problema a ellos, comparando la deportación por parte de Washington de los pandilleros con la apertura del puerto cubano de Mariel en 1980, cuando Fidel Castro supuestamente vació sus cárceles y envió a sus pobladores a Miami. Por su parte algunos funcionarios estadounidenses, entre ellos el jefe de policía de Los Angeles William Bratton, piensan que los centroamericanos deberían cargar solos con la responsabilidad del problema y apoyar la continuidad de las deportaciones. Tales recriminaciones mutuas son características del debate sobre los problemas con las pandillas y ayudan a explicar por qué los países afectados tienen aún que desarrollar un frente común para resolverlos. No es realista, sin embargo, esperar que cualquiera de los pequeños países centroamericanos, con sus frágiles gobiernos, tomen la iniciativa en la organización de una política multilateral; ese papel sólo puede desempeñarlo Estados Unidos. No obstante, hasta ahora Washington se ha mostrado renuente a aceptar esa tarea. Parte del problema es que durante los últimos 15 años la política estadounidense hacia América Central se ha limitado en lo esencial a la inmigración y a las drogas, y por tanto el problema de las pandillas se ha perdido entre los huecos administrativos, y sin que ninguna dependencia haya tratado de formular o supervisar un programa integral. La responsabilidad de rastrear las actividades pandilleriles en el plano interno ha recaído en varias partes diferentes del gobierno de Estados Unidos. El FBI tiene a su cargo la supervisión nacional de cualquier actividad delictiva relacionada con las violentas pandillas callejeras. Pero la participación de la MS-13 en el tráfico de personas también la ha llevado a la jurisdicción de la Patrulla Fronteriza y la agencia de Control de Inmigración y Aduanas, ambas divisiones dependientes del Departamento de Seguridad Interna, que persigue los delitos cometidos en la frontera o cerca de ella. Todas las dependencias de procuración de justicia de Estados Unidos tienen acceso al Centro Nacional de Información sobre la Delincuencia, que es una base de datos federal que enlista a los pandilleros que han cumplido sentencias. Pero, según Wesley McBride, presidente de la Asociación de Investigadores de Pandillas de California, se necesita una base de datos más efectiva y de alcance nacional de todos los miembros de bandas (sentenciados o no), así como una definición estándar de qué son las pandillas y cuáles son los delitos pandilleriles. Como dijo el año pasado McBride al Comité Judicial del Senado, "ninguna dependencia federal recaba o disemina estadísticas de la delincuencia pandilleril ni datos demográficos para establecer la verdadera imagen de las pandillas". Un centro nacional de inteligencia sobre las bandas, que ha de ser encabezada por el FBI, se establecerá en sus oficinas centrales en Washington, D.C., el año entrante. Pero para ser eficaz, una operación semejante tendría que ser capaz de coordinar la información de toda América Central.
Entre tanto, diferentes regiones dentro de Estados Unidos están enfrentando el problema de las maras en forma distinta, y con resultados diversos. La política de línea dura que se busca en Virginia ha sido criticada por expertos en pandillas porque se enfoca sólo en la supresión y no incluye los otros dos elementos necesarios para erradicarlas: la intervención y la prevención. "Si no se hacen las tres cosas al mismo tiempo, se pierde la oportunidad de obtener resultados", dijo Moreno, del LAPD. Por otro lado, Maryland se ha dado a la tarea de realizar un proceso más eficaz: allá, la policía se ha unido con un grupo de trabajo comunitario y educativo para introducir un sólido programa de aplicación de la ley aunado a un elemento de estricta intervención. El programa de Maryland se propone poner en marcha una eficiente labor policiaca y programas post-escolares que puedan evitar que los jóvenes se unan a las pandillas, así como programas de intervención que estimulen a los miembros a abandonarlas y protegerlos contra las represalias después de que lo hayan hecho. La mayoría de los expertos, sin embargo, está de acuerdo en que el planteamiento más eficaz proviene de Los Angeles, la ciudad que dio origen a las maras (por no mencionar muchas otras pandillas, entre ellas la tristemente célebre Crips and Bloods). Los Angeles ha experimentado con todo tipo de operativos antipandillas. Los fiscales angelinos fueron los primeros en lanzar un caso federal por negocios sucios contra una banda (la Pandilla de la Calle 18) de acuerdo con el reglamento sobre Organizaciones Corruptas e Influidas por la Mafia (RICO, por sus siglas en inglés). Los procuradores californianos se valieron del reglamento para enviar a prisiones federales en cadena perpetua a una docena de cabecillas sin derecho a libertad condicional y para desmantelar la llamada Mafia Mexicana. La policía también ha aprovechado las nuevas leyes para prohibir a los pandilleros congregarse en sitios de reunión conocidos. La actual política de Los Angeles recurre más que a la mera fuerza. Bratton, el jefe de policía, ha advertido a otras ciudades de Estados Unidos que no sigan la estrategia californiana dirigida contra las bandas en los noventa, cuando ésta se enfocaba exclusivamente a la procuración de justicia. "Concebimos la prisión como un castigo, pero en mucho casos sólo estamos reforzando su lealtad a la pandilla", señaló Bratton. "Para ellos ir a prisión es como ir a la escuela superior." Esta toma de conciencia se hizo propia cuando, en 2002, las estadísticas delictivas de la ciudad se dispararon luego de que una oleada de pandilleros que habían sido encarcelados a principios de los noventa de pronto fueron liberados y puestos en las calles. Los funcionarios de procuración de justicia locales empezaron reconocer que había que replantear esta política de endurecimiento. "Todavía no tenemos el dinero suficiente, pero al menos ahora todos coincidimos en que hay que concentrarse en todos los ángulos al mismo tiempo", dijo el padre Gregory Boyle, activista comunitario. "Hoy utilizas la supresión y mañana la intervención; eso no dará resultados. Es como si dijéramos: Te daré de comer hoy, pero no te daré ropa." Como se descubrió en Los Angeles, la procuración de justicia, para ser eficaz, debe colaborar con todos en una comunidad determinada. De acuerdo con ello, en 2003, el departamento de policía de la ciudad creó los grupos de trabajo denominados Equipos de Acción de Impacto Comunitario, que ponían en operación conjunta a las dependencias de procuración de justicia locales, estatales y federales con grupos vigilantes ciudadanos y sacerdotes, que son los que conocían mejor los vecindarios. Los oficiales encargados de vigilar a los sentenciados en libertad condicional o periodos de libertad en periodos de prueba también fueron incorporados en ese esfuerzo, así como representantes de los distritos escolares locales y los fiscales de la ciudad y del estado. El programa, que emulaba un esfuerzo similar al de San Jose, ya ha tenido un impacto extraordinario: las estadísticas delictivas de enero de 2005 fueron 14% más bajas en relación con el año anterior.
A COLABORAR
A la fecha, América Central aún tiene que adoptar esa política multifacética, y sus países no han aprendido a colaborar entre sí ni con Estados Unidos, a pesar del hecho de que el problema de las pandillas los afecta a todos. En cambio, El Salvador y Honduras se sostienen en sus acciones de mano dura. Entre tanto, los problemas más arraigados de la región -- su política disfuncional, la corrupción rampante, el narcotráfico, la intensa pobreza urbana y la sobrepoblación -- siguen intactos, y las campañas de mano dura sólo desvían la atención y los recursos del combate contra estos males mayores. Los gobiernos centroamericanos también han utilizado, y hecho públicas, sus medidas enérgicas contra las pandillas juveniles para evitar actuar en otra prioridad local urgente: el fortalecimiento de las instituciones democráticas locales. Desde que terminaron las guerras civiles en América Central a principios de los noventa, las reformas judiciales, legislativas y sociales se han atorado entre una lucha interna partidista, y los debates políticos locales siguen divididos en las líneas de factura izquierda-derecha que causaron un gran derramamiento de sangre hace dos décadas. La corrupción sigue siendo un flagelo persistente y ha contribuido a evitar que surja una estrategia antipandillas más eficaz. En Guatemala, el Departamento de Operaciones Antinarcóticos (el equivalente local a la Agencia para el Control de Drogas -- DEA, por sus siglas en inglés -- ) tuvo que ser desmantelado en noviembre de 2002 luego de que se descubriera que 320 de sus funcionarios estaban en la nómina del crimen organizado local. Igualmente, el parlamento de Guatemala rechazó un ofrecimiento de la ONU para ayudarle a combatir a las organizaciones delictivas, negándose al establecimiento de una comisión de investigación de la ONU. No es ninguna coincidencia que muchos de los sindicatos del crimen que operan allá sean dirigidos por oficiales del ejército retirados con contactos políticos. Estados Unidos debe ayudar a América Central a elaborar una política de múltiples niveles y varios países para enfrentar sus problemas con las pandillas. En enero de 2005, el Departamento de Justicia de Estados Unidos creó sigilosamente un grupo de trabajo del FBI para tratar con la MS-13. El nuevo grupo coordinará las actividades con los funcionarios de inmigración, la Oficina de Seguridad Diplomática, el Servicio de Alguaciles de Estados Unidos, la Oficina Federal de Prisiones, la DEA y la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, junto con otras dependencias de procuración de justicia locales. Como un primer paso positivo, el grupo de trabajo ha introducido nuevos reglamentos que permitirán a los funcionarios estadounidenses informar a sus homólogos centroamericanos sobre los antecedentes delictivos de los futuros deportados. No obstante, otras señales son menos prometedoras. A la fecha el principal grupo de trabajo sólo se ha concentrado en la procuración de la justicia. Para tener éxito, el grupo debe tener un alcance más internacional y expandir su ámbito a fin de reforzar las instituciones centroamericanas. Para asegurar que la estrategia sea de amplio espectro, el grupo de trabajo sobre las pandillas también debería incluir representantes de los departamentos de función educativa y social.
Las opciones regionales que resultaron eficaces en un país deberían reproducirse en otros. Por ejemplo, la policía nacional de El Salvador se ha beneficiado de las reformas y el entrenamiento proporcionados por el Programa de Ayuda en el Entrenamiento de Investigación Penal Internacional (ICITAP, por sus siglas en inglés) del Departamento de Justicia de Estados Unidos. En los últimos cinco años, el ICITAP contribuyó a que El Salvador se enfocara en las políticas comunitarias y mejorara las comunicaciones internas y externas. Como resultado, El Salvador es hoy el único país de la región que cuenta con un sistema nacional de emergencia de reacción policiaca, una red computarizada para el análisis delictivo y de despliegue, similar a la utilizada por el Departamento de Policía de la ciudad de Nueva York, y una intranet que conecta las delegaciones policiacas en el nivel interno. El destacar tales funciones fue una innovación del ICITAP, que suele enfocarse en el acopio de inteligencia. Pero ello ayudó a la fuerza policiaca a aprender cómo servir a la comunidad. Lección que la policía necesitaba mucho. El ICITAP también fue de ayuda para El Salvador para intensificar los controles sobre la corrupción de nivel menor, que desangró los presupuestos y estableció un departamento de asuntos internos, que despidió a 5000 policías corruptos en tres años. Tácticas similares deberían utilizarse en los países vecinos. La región también debería poner en marcha un enfoque tripartito respecto de las pandillas, que incluyera la prevención, la supresión y la intervención. Los sistemas penitenciarios deben transformarse de modo que ya no sirvan como bases de entrenamiento para los nuevos pandilleros. En California, ahora la policía está evitando ubicar a pandillas rivales en las mismas instalaciones. América Central debería hacer otro tanto, para evitar el tipo de enfrentamientos que recientemente ocurrieron en Honduras y El Salvador, cuando miembros de la M-18 y la MS-13 fueron recluidos en las mismas prisiones. Los programas escolares también deberían elaborarse con miras a evitar que los jóvenes decidan unirse a las bandas. Para ayudar a pagar por ellos, Estados Unidos puede enseñar a América Central a aprovechar su sector empresarial para financiar programas post-escolares y capacitación en el empleo para jóvenes de bajos ingresos. En El Salvador, el gobierno ya ha convencido a grupos privados para que financien programas de protección de testigos y empleos para ex pandilleros que elijan volver a la vida normal. Este tipo de esfuerzos deben ser promovidos en el nivel regional. Para facilitar la supresión, la policía debería hacer un gran esfuerzo en perseguir a los pandilleros más recalcitrantes que se niegan a abandonar su vida delictiva. Los legisladores centroamericanos deberían introducir medidas contra las pandillas y las drogas que hagan que sea un delito mayor la participación en actividades relacionadas dentro de un radio de una milla de las escuelas, que es donde hoy se reclutan principalmente jóvenes para las maras. Los oficiales encargados de supervisar a quienes están en libertad condicional también deben ser puestos dentro del círculo de los oficiales activos antipandillas, ya que es importante vigilar de cerca a los pandilleros después de que han dejado la cárcel. Las dependencias de procuración de justicia estadounidenses y centroamericanas también deberían intercambiar información sobre los traficantes de personas. Y los dirigentes de América Central deberían ofrecer seguridades de que enjuiciarán a quienes sean atrapados llevando inmigrantes indocumentados a Estados Unidos. Washington también debería ayudar a las diversas fuerzas policiacas centroamericanas a establecer un sistema integrado de cómputo que siga la pista de delincuentes a través de las fronteras, incorporando también en ello a los traficantes de personas. Las prácticas estadounidenses en materia de inmigración deben cambiar formalmente a fin de que se ofrezca información sobre los registros delictivos de todos los deportados. Algunos observadores incluso han indicado que Estados Unidos podría ayudar a soportar gran parte del peso del problema de las pandillas haciendo que sus miembros centroamericanos cumplan sus sentencias en Estados Unidos. En conjunto, tales tácticas tienen una oportunidad de contener la embestida de la maras centroamericanas. Sin embargo, las reformas deberían establecerse tan pronto como sea posible. Con cada día que los gobiernos esperan, las pandillas crecen en poder y el peligro que plantean se vuelve mayor. Si América Central abriga la esperanza de escapar del caos de su pasado y, por fin, hacer la transición hacia un gobierno estable y democrático, necesita actuar rápido para atajar a las maras. Y Estados Unidos debe ayudar.
Ana Arana
Foreign Affairs En Español, Julio-Septiembre 2005
Los sistemas de educación superior en India
Introducción
Es bien conocida la importancia de la inversión en la educación. Los aspectos característicos básicos de la educación -- a saber, educación como bien público, como bien de excelencia, como necesidad básica, como derecho humano (o fundamental) y como inversión, social e individual -- necesitan un tratamiento especial de la labor educativa y que todos los países le otorguen un financiamiento liberal. En el contexto pertinente de la información sobre los sistemas de educación superior de India, la literatura disponible es limitada y en gran medida obsoleta. Sin embargo, la literatura asequible ofrece algún conocimiento significativo del desarrollo de los sistemas de educación superior en el país y de su impacto resultante en el empleo en los campos de la ingeniería y la tecnología de la información (TI).
La evolución de los sistemas educativos en la India.
Cuando India logró su independencia en 1947, los creadores de políticas tuvieron que enfrentar los problemas gemelos del analfabetismo masivo por un lado y, por el otro, de la escasez de personas calificadas y técnicos que pudieran utilizar la tecnología moderna y dar impulso al desarrollo de la nación mediante la industrialización. Por ello, desde sus inicios la India independiente reconoció la importancia de la educación como decisiva para el éxito, y el gobierno independiente indio se propuso otorgar una alta prioridad a la educación para el desarrollo, como se refleja en su primer Plan Quinquenal. Como se señaló en la Política Nacional de Educación de 1968, la educación es una inversión y es, de hecho, una inversión "crucial". No es sorprendente por ello que la India independiente haya mostrado una rápida expansión de la educación en términos de matrícula de estudiantes, número de instituciones y profesores. Cuando los británicos se fueron de India en 1947, dejaron atrás un sistema académico disfuncional que sólo servía a "las limitadas necesidades del gobierno y el comercio coloniales", como señaló S. Chitnis en 1993. En aquella época India tenía 19 universidades y unos 400 colegios. Según la UNESCO, en 1996, después de 50 años, el gobierno indio tiene ahora más de 200 universidades y 9000 colegios. Ello coloca a India, una nación con un índice de analfabetismo de 50%, como el país con el segundo mayor sistema académico del mundo. Se trató, de hecho, de una "explosión educativa". Sobre todo, se reconoció que la educación es una inversión a largo plazo que contribuye al desarrollo socioeconómico de la nación en forma adecuada, además de ser un fin en sí mismo en cuanto al desarrollo humano. Ninguna nación se va a la bancarrota al invertir en la educación de su pueblo, al decir de J.B.G. Tilak en 2003.
Aunque nadie puede negar la importancia fundamental de la educación primaria en la erradicación del analfabetismo masivo, es bien sabido que la educación superior es crucial para el progreso económico y tecnológico y, por tanto, no puede ser relegada a un segundo plano. En un mundo basado en la ciencia y la tecnología, es la calidad de la educación superior en India la que determinará el ritmo del desarrollo económico y social del país. La idea de establecer excelentes institutos de educación superior que pudieran concentrarse en la ciencia y la tecnología para lograr su sustentabilidad económica se convirtió en la necesidad del momento. La resolución sobre políticas científicas, adoptada por el gobierno indio en 1985, puso un gran énfasis en la necesidad de formar una sólida plantilla de destrezas científicas y técnicas, y por tanto el desarrollo de la educación científica y tecnológica ha recibido una atención considerable en la planeación educativa. En consecuencia, el escenario de la educación técnica en el país ha mostrado interesantes progresos con la firme y constante demanda privada de educación técnica y en ingeniería, pues se considera que estas habilidades tienen un mayor grado de potencial de venta. Esta tendencia se acentuó al grado de que en ocasiones las instituciones tecnológicas y de ingeniería actuales de India eran incapaces de absorber por completo al creciente número de estudiantes aspirantes. En 1993, P. Altbach afirmó que con el paso del tiempo el sistema académico indio había avanzado a grandes pasos y servido "como medio de proporcionar las habilidades que necesita una sociedad en vías de modernización y ofrecer movilidad social". En esta evaluación del sistema, Altbach reconoce la importancia de los Institutos Indios de Tecnología (IIT) en contribuir al conjunto del capital intelectual internacional. En 1993, Nigam e Indiresan también destacaron la importancia estratégica de los IIT al perfilar los orígenes y la dirección de dichos institutos localizados en toda India.
El Instituto Indio de Tecnología: Una institución de aprendizaje de primera.
La idea de fundar los Institutos Indios de Tecnología se concibió en la década de 1940 con la finalidad de ofrecer a los indios una oportunidad de tener una investigación de alto nivel que llegara a contribuir al crecimiento del éxito de India en los campos de ciencia e ingeniería. Los IIT se establecieron hace unos 50 años, durante el periodo de Nehru, cuando el anterior primer ministro de India previó que los científicos e ingenieros de buena calidad ayudarían al país en el proceso de avance y modernización tecnológicos. Nehru también quería que los jóvenes licenciados contribuyeran al éxito de India en el extranjero. Los altos niveles del sistema educativo de los IIT también han elevado la reputación internacional de estos institutos, y, por sus habilidades, sus estudiantes han alcanzado renombre y oportunidades. Desde su fundación, los IIT han prosperado gradualmente y siguen subrayando la educación de calidad de pregraduados y licenciados en ingeniería y ciencias. Los IIT también participan en programas de colaboración con organizaciones y universidades internacionales en países como Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Suecia, Rusia, etc., para actualizarse constantemente en el desarrollo científico y tecnológico y compartir conocimientos. Asimismo proporcionan y apoyan excelentes instalaciones para estudios de posgrado e investigación.
Algunos de los factores principales que se han atribuido a su éxito son el muy riguroso mecanismo de selección de estudiantes y los sólidos fundamentos para la capacitación práctica. A fin de tener acceso a los IIT, los estudiantes deben presentarse ante un Examen de Ingreso Conjunto luego de haber recorrido 12 años de escolaridad formal. Los estudiantes que aspiran a ser admitidos en los IIT se matriculan en una clase preparatoria rigurosa de unos dos años o más, en la que recibirán capacitación constante que los prepare para el examen de admisión. De acuerdo con un informe reciente, del año 2003, de 178000 estudiantes aspirantes que se presentaron al examen de admisión a los IIT, sólo unos 3500 llegaron a ser aceptados. Éste es un proceso de selección sumamente exigente si se le compara con las admisiones en Harvard, donde alrededor de 10% de los aspirantes logra ser admitido. Después de haber sido aceptados en los IIT, los estudiantes deben cursar un plan de estudios en el instituto que es conocido por su énfasis en la disciplina de ingeniería y en la precisión. Muchos estudiantes de estos institutos de educación de excelencia relatan que logran construir niveles de confianza muy altos una vez aceptados en el sistema y aspiran a convertirse también en grandes empresarios.
Avances Políticos: Impacto en la Educación Superior en India.
El cambiante panorama político de India y sus concomitantes formulaciones políticas han contribuido con una multitud de formas a la evolución de los sistemas de educación indios y a sus planes de capacitación para los jóvenes licenciados para satisfacer las demandas tecnológicas y basadas en la información de la actual economía global. En diciembre de 1984, Rajeev Gandhi fue designado primer ministro (PM) de India tras el repentino asesinato de su madre y entonces primera ministra, Indira Gandhi. En las siguientes elecciones generales de 1985, llegó él al poder con más de dos tercios de mayoría en el Parlamento. Con su elección empezó una nueva era en India, la del liderazgo de los jóvenes. Él fue el primer dirigente que iniciara la educación basada en la tecnología y la información en India. Los críticos ridiculizaron sus políticas y consignas. Es sólo en la actualidad cuando India está cosechando los beneficios de la iniciativa emprendida por el finado Rajeev Gandhi. Las exportaciones de software de India dan cuenta de una gran porción de las ganancias del intercambio exterior de hoy. Hubo un tiempo en que Azim Premji, presidente y director general de Wipro, fue catalogado como la tercera persona más rica del mundo. ¿Cómo ocurrió esto?
En la década de 1990, los graduados del IIT de India apostados en Silicon Valley empezaron a abandonar sus compañías padre de software y a fundar las suyas propias. Casi al mismo tiempo, Infosys y Wipro comenzaron a crecer en India. Infosys fue fundada por Narayan Murthy, egresado del IIT, y hoy es la compañía de TI número uno de ese país. Existe una estrecha colaboración entre las compañías de TI de Silicon Valley (fundadas por indios) y las firmas de TI indias como Wipro, Infosys y Tata Consultancy Services (TCS). Las compañías de TI indias empezaron a reclutar profesionales en TI en gran escala, los capacitaron y luego los enviaron al exterior, a Silicon Valley. Obtenían bajos salarios y arrojaban productos de excelente calidad. Era una situación en la que todos salían ganando: las compañías de Silicon Valley, las firmas de TI indias y los profesionales de TI mismos. La tendencia cambió aún más cuando compañías como IBM empezaron a seguir este curso de acción. Sin embargo, como se restringieron las normas de visado en Estados Unidos, las compañías comenzaron a trasladar sus bases a India, y hoy Bangalore cuenta con el mayor número de profesionales de TI en el mundo. Es así como empezó la tendencia del outsourcing.
Razones del éxito de los sistemas de educación superior en India.
La primera razón principal del éxito indio en materia de educación es el énfasis en el carácter sociocultural de India, que destaca más los estudios (en especial la ciencia y las matemáticas) que los deportes. La religión, las creencias y la historia de la civilización de India están basadas en el budismo y el hinduismo, que se orientan hacia la valoración de la Vidya (término sánscrito que denota el conocimiento). Esto se ha traducido en el hecho de que India tiene hoy la mayor plantilla de licenciados en ciencias del mundo. Además, el fuerte acento en matemáticas y ciencias plantea un buen fundamento para el desarrollo de las habilidades técnicas en el campo de la ingeniería como son la programación y el procesamiento de la información. La segunda razón la constituyen los esfuerzos concertados hechos en la promoción del dominio del inglés, tanto hablado como escrito, en las instituciones de aprendizaje superior que arrojen un perfil competitivo definitivo de los profesionales técnicos indios sobre los de otros países, como China. Hay más de 200 universidades reconocidas en India que ofrecen cursos en ciencias, matemáticas y TI con el inglés como medio predominante de instrucción. Esto puede atribuirse al predominio del Imperio británico en India por más de 100 años. Pero hay una tercera razón. La mayor parte de las universidades indias se concentran en las habilidades cuantitativas, que han producido lo mejor de sus ingenieros en comparación con otros países. Los ingenieros indios son reconocidos por sus habilidades de razonamiento analítico, su pensamiento objetivo y su buena comunicación.
Conclusión
Desde el punto de vista universal, el propósito de la educación superior es proporcionar conocimientos, investigación y servicios. En el caso de India, "la importancia de la educación superior se ha multiplicado con la conciencia de que en un orden mundial basado en la ciencia y la tecnología es la calidad de la educación superior la que decide el ritmo del desarrollo económico y social", como señaló Ramachandran en 1987. Es así como India, que fue una economía cerrada por casi 50 años, creó un sistema educativo anclado en las disciplinas de ciencias y matemáticas para el sostenimiento económico y para preparar a su población graduada que encarará con seguridad las incertidumbres de una economía global en constante cambio.
S.L. Muthukumar, Galyna Kogut, Uma Natarajan y Suresh Bhalla
Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2005
La Guerra debe ser hecha de manera inteligente: Mijaíl Tojman
(El consejero ruso del general De Gaulle recuerda cómo hace cuarenta años su jefe supo poner fin al conflicto colonial en Argelia.)
.Pronto se cumplirán cuarenta años de la proclamación de la independencia de Argelia. Dos meses antes, en la pequeña ciudad de Evian, se había firmado un acuerdo que debía poner fin a la guerra y ser el comienzo de nuevas relaciones entre la colonia y la metrópoli. Sin embargo, la historia no tomó el curso que suponían los autores de este acuerdo. Según la opinión de la persona que preparó el documento de Evian, las lecciones que la guerra de Argelia dejó a Francia podrían servir de mucho a la Rusia beligerante en Chechenia. Su nombre es Konstantin Melnik. Es nieto de Evgueni Botkin, médico personal del emperador Nicolás II. En enero de 1959 el entonces primer ministro de Francia nombró a Melnik como consejero personal para el trabajo con la policía y los servicios secretos. Hoy Konstantin Melnik responde a las preguntas del Novedades de Moscú.
.MIJAÍL TOJMAN: ¿Por qué lo escogió a usted? Le pregunto porque aparte de que usted recién había rebasado la treintena, tampoco era francés de sangre. ¡Y estamos hablando de un cargo que, prácticamente, ponía bajo su mando a todos los servicios secretos de la Quinta República!
.KONSTANTINMELNIK: Resultó que en el equipo de De Gaulle no sobraban políticos con experiencia. A pesar de que yo era joven, había acumulado experiencia en mi trabajo como analista del Estado Mayor General del Ministerio del Interior de la Cuarta República. Nadie quería ocuparse de la sucia guerra argelina, y a todos incluso les alegró que cierto ruso pelearía por Francia.
.MT: ¿Qué fue lo primero que hizo?
.KM: Era imprescindible eliminar las alas militares y terroristas de las organizaciones nacionalistas argelinas. Del ala militar se ocupaba el ejército, y hay que decir que muy eficazmente, y de la terrorista me ocupaba yo, desde París.
.MT: ¿En qué consistía su trabajo?
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KM: En estudiar la situación y la planeación estratégica. Era necesario organizar el trabajo de modo que culminara en la eliminación de los grupos nacionalistas argelinos en territorio francés. La policía criminal debía hacer su trabajo: capturar a los terroristas y reclutar informantes dentro de estos círculos. La inteligencia policial debía vigilar a todos los argelinos dentro de Francia. Tampoco permanecía inactiva la contrainteligencia, que reclutaba a gentes en los círculos más altos de los terroristas argelinos.
.MT: ¿Buscaba De Gaulle conservar el control de Francia sobre Argelia?
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KM: Él no quería darle la completa independencia a Argelia. De Gaulle pretendía primero exterminar a los terroristas y establecer luego negociaciones con los nacionalistas moderados para construir una nueva Argelia. Allí debían permanecer más de un millón de europeos.
.MT: Pero sabemos que tal cosa no ocurrió.
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KM: ¿Qué le hace pensar así? Sí ocurrió. El acuerdo de Evian fue firmado. Éste daba una preciosa oportunidad para el desarrollo del país. Argelia tenía todas las posibilidades de convertirse en un floreciente Estado. Pero nadie pudo prever el golpe que se nos asestaría por la espalda. Surgió una nueva organización, la fascista OAS (Organisation Armée Secréte). La crearon europeos de Argelia, desertores del ejército francés, que desarrollaron su actividad terrorista no sólo contra los musulmanes, sino también contra el Estado francés. Esta nueva ola de terrorismo ayudó a la aparición del odio de los argelinos contra los franceses y los europeos en general, lo que, lógicamente, redujo a cero los resultados del tratado de Evian.
MT: ¿Usted peleó también contra la OAS?
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KM: Sí, y esta lucha me quitaba más tiempo que la lucha contra los nacionalistas argelinos. Con ellos era más fácil: en el momento en que De Gaulle decidió que había llegado la hora para establecer acuerdos, debí ocuparme de ello. La principal carga recayó sobre el servicio de espionaje en el exterior, la cual organizó un primer encuentro con los terroristas, luego trabajó con los moderados dentro de la delegación argelina. Aquellos eran tiempos muy interesantes. Pero comenzaron los actos terroristas de la OAS. Estos fascistas me odiaron al momento. Me llamaban “el ruso ese”.
.MT: ¡No es para menos! Un extranjero a la cabeza de los servicios secretos franceses que lucha contra los “verdaderos patriotas” en Francia.
.KM: Siguen odiándome hasta el día de hoy.
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MT: ¿Pero las estructuras del OAS siguen activas en Francia?
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KM: Gracias a Dios destruimos sus estructuras, aunque no fue fácil. Pero les quedaron simpatizantes. Muchos, por cierto, de izquierda, que sin pensarlo mucho apoyaban a los terroristas argelinos y les llevaban maletas con dinero, también siguen descontentos con “ese ruso”.
.MT: ¿Maletas con dinero?
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KM: Sí, eran intelectuales de izquierda agrupados en torno de un tal Jeanson (Francis), discípulo de Jean-Paul Sartre. Ayudaban a los nacionalistas argelinos, les llevaban dinero e incluso armas, pero no jugaron un papel importante.
.MT: Seguramente, cuando la guerra terminó no como hubieran querido muchos en Francia, había que encontrar a un culpable. Así que lo hallaron a usted, y lo despidieron de su cargo...
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KM: Por supuesto, cuando me despidieron del cargo, se acordaron de mi procedencia rusa y de mis vínculos americanos, aparte de que por esa época el KGB había comenzado a desarrollar una muy inteligente campaña de desinformación, la cual fue retomada por ciertos grupos políticos en Francia.
.MT: ¿Sin la actividad del OAS los acuerdos de Evian hubieran jugado su papel?
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KM: No cabe duda. En Argelia hubieran tomado el poder personas más moderadas. Lo que le hubiera servido más que a nadie a la propia Argelia.
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MT: ¿El “Jasav-Yurt” de Rusia es similar al Evian francés?
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KM: ¿Se refiere usted al acuerdo que firmó el general Lebed? No, esa fue una simple capitulación. Acuerdos como el de Evian no pueden elaborarse en dos días. Lo firmamos en marzo de 1962, pero las conversaciones con los líderes nacionalistas argelinos comenzaron en 1960. Es un proceso muy complejo en el cual, dicho sea de paso, los servicios secretos jugaron un gran papel.
.MT: Seguramente su papel en esto es no sólo llevar a cabo un trabajo operativo, sino más que nada analítico.
.KM: Yo diría aún más: educativo. Tenga en cuenta que las personas con quienes hablamos en Argelia no tenían experiencia alguna de cómo construir un Estado. Pienso que en Chechenia ocurre lo mismo. Se les debe explicar qué es la democracia, cómo luchar contra sus propios extremistas. Es un trabajo muy complejo. Con ellos hay que actuar como con niños que llegaron a la escuela para aprender los principios del Estado moderno. Se debe trabajar con ellos, sostener buenas relaciones personales, y no intentar reclutarlos.
.MT: ¿Podría establecer ciertas analogías entre la Argelia de entonces y la actual Chechenia?
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KM: Sí, sin duda alguna. De Gaulle no podía darle la completa independencia a Argelia porque le preocupaba la suerte de los franceses que vivían allí. Putin no puede darle la independencia a Chechenia porque ésta es parte de la Federación Rusa.
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MT: Chechenia es parte de Rusia, Argelia era para Francia un territorio de ultramar.
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KM: ¡¿Sabe lo que era explicar esto en los años cincuenta?! Los franceses de Argelia estaban convencidos de que aquel era su país, y se portaban, en consecuencia, sin ningún respeto por el pueblo argelino. El racismo era en verdad horrible, y la población musulmana era colonizada cruelmente. Se necesitaron muchos años de trabajo intenso; De Gaulle y sus correligionarios debieron gastar muchas fuerzas para explicarle a los ciudadanos que Argelia no era Francia, lo que, dicho sea de paso, no le impedía pelear contra las bandas terroristas. Y esta lucha es lo común que existe entre las dos situaciones.
.KM: Y tampoco hay que olvidar que en lugar de la guerra total que se llevaba en Argelia antes de De Gaulle, una guerra de exterminio, él llevó la guerra precisamente contra los terroristas. Antes de él se había torturado y vejado a la población pacífica. Era necesario llevar a cabo una guerra limitada e inteligente contra los terroristas y no contra la población. Es algo que deberían aprender
quienes pelean hoy en Chechenia.
.quienes pelean hoy en Chechenia.
MT: ¿A propósito, qué tipo de ejército usted considera que debería ser usado en estas operaciones: uno profesional o uno de leva?
.KM: No tengo duda al respecto. Claro que profesional. Y no sólo porque están mejor preparados. Un infeliz niño de dieciocho años simplemente se muere de miedo. Y este miedo, hace que empiece a disparar indiscriminadamente a derecha e izquierda. Aparte, es necesario darle a la población ciertas esperanzas. Rusia podría, tengo la impresión, inventar algo nuevo para Chechenia. Podría, por ejemplo, acordarse de Finlandia, que en el tiempo de los zares tenía sus estructuras estatales. ¿Por qué no utilizar un modelo semejante para Chechenia?
.MT: ¿Y Francia misma sacó alguna lección útil de la campaña argelina?
.KM: Es horrible, pero no. En Argelia esta guerra es estudiada meticulosa y desapasionadamente. La estudian desde el primero al último día. Mientras que en Francia esta guerra, aunque ahora como una guerra moral, continúa. Los de derecha dicen: “Qué horror. Perdimos a Argelia y este Melnik ayudó a De Gaulle a matarnos”; los de izquierda, por el contrario, hasta hoy siguen echándole en cara al país que tardó mucho en darle la independencia a Argelia. Nadie, sin embargo, es capaz de entender esta guerra. A propósito, es muy sintomático que a punto de cumplirse cuarenta años de esta guerra ni un periodista francés se acuerde de mí.
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Novedades de Moscú, 30 de abril-6 de mayo 2002
México - Estados Unidos, la relación en el Consejo de Seguridad
La situación geo-estratégica de México –ser la frontera sur de la potencia regional en el hemisferio americano desde el siglo XIX y la fuerza hegemónica en el sistema internacional desde el final de la guerra fría– ha sido un factor de peso en la economía y políticas mexicanas. Debido a la enorme asimetría de poder entre los dos países, el propósito central de la política exterior de México siempre ha sido el mismo: contener, en la medida de lo posible, la hegemonía estadounidense, pero la estrategia para conseguirlo ha variado en función de la situación internacional y de las prioridades de la política externa de Estados Unidos. Dada la importancia que tiene para este último la estabilidad de su frontera sur, México ha gozado de una “relación especial”, cuando menos desde la segunda guerra mundial. Esto ha permitido a los gobiernos mexicanos mayor margen de maniobra en su política exterior en tiempos de estabilidad, pero al mismo tiempo ha hecho a México más vulnerable en tiempos de conflicto. Hoy, la relación entre México y Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas está inscrita en el contexto más amplio de su relación bilateral, y determinada por los dramáticos cambios en las políticas exteriores de ambos países en el curso de los últimos años.
Con la transición democrática y económica de los años noventa principalmente, México ha pasado de una política externa aislacionista, legalista y reactiva a otra más participativa, pragmática y proactiva. Esto lo ha llevado a buscar y conseguir un escaño en el Consejo de Seguridad; por su parte, Estados Unidos ha pasado de una posición de hegemonía benigna a otra de preponderancia hegemónica tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Esta combinación no puede sino conducir al enfrentamiento diplomático entre ambos países en el seno del Consejo. Así, aun cuando México haya intentado diversificar sus relaciones económicas y políticas en el ámbito internacional, la realidad geo-estratégica del país ha generado una tendencia a bilateralizar su política exterior, centrándola en su relación con Estados Unidos. Así, en el periodo 2002-2003, el Consejo de Seguridad ha sido y será para México un espacio más de interacción estratégica con su vecino del norte, caracterizado por las fricciones.
Desde la década de 1940, ha habido un acuerdo implícito entre Estados Unidos y México. El primero apoyaba al sgeoegundo en términos económicos (inversión, préstamos, aceptación de modelo económico cerrado al exterior), políticos (tolerancia del gobierno autoritario, fraudes electorales, violaciones a derechos humanos, corrupción) e internacionales (permitía la disidencia mexicana en foros internacionales ya que esto legitimaba internamente al gobierno de México). Mientras que el segundo garantizaba la estabilidad interna y la seguridad de la frontera sur de los Estados Unidos. Así, México podía estar en desacuerdo con la posición estadunidense en público –generalmente en temas menores de la agenda internacional–, pero se esperaba su cooperación en privado –normalmente en los temas trascendentes para Estados Unidos–. Por ello, la política exterior de México ha servido como un elemento legitimador del gobierno mexicano frente a su población.
Este acuerdo implícito permitió, por ejemplo, que México defendiera diplomáticamente a Cuba cuando ésta fue expulsada de la Organización de Estados Americanos en 1962; el silencio de Estados Unidos ante la matanza de Tlatelolco en 1968; la retórica tercermundista de la administración de Echeverría (1970-1976) y la sobrevivencia del sistema autoritario mexicano hasta finales de siglo. Sin embargo, la tolerancia estadunidense se redujo dramáticamente durante la primera administración de Reagan (1981-1985), dado que México no estaba siendo capaz de garantizar la estabilidad interna ni la seguridad de la frontera sur (crisis económica y de la deuda, erosión del control político, narcotráfico y enfrentamiento por intereses en Centroamérica). Como resultado de esta situación, la administración de Salinas (1988-1994), profundizó la reforma estructural iniciada por De la Madrid (1982-1988) y modificó la estrategia frente a Estados Unidos, al cual re-inventó como un socio en vez de un contrincante, logrando además la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Así, a cambio de la cooperación en materia económica, México adquiere nuevamente su autonomía relativa en otros foros internacionales, lo cual se mantiene durante el gobierno de Zedillo (1994-2000). Esto es particularmente claro en el porcentaje de coincidencia de las votaciones de México con Estados Unidos en el seno de las Naciones Unidas durante ese periodo, donde México, por ejemplo, únicamente vota junto con Estados Unidos 12, 33.3 y 30% de las veces en 1989, 1994 y 1999 respectivamente, mientras que Canadá lo hace 60.9, 74.5 y 69.2% y el resto del mundo, en promedio, 16.9, 48.6 y 41.8%.[1]
Cuando George W. Bush inició su mandato, declaró que México sería la relación bilateral más importante para Estados Unidos. Sin embargo, los atentados del 11 de septiembre de 2001 han reducido dramáticamente el espacio para la disidencia negociada de México. Ahora, esa nación espera no sólo la cooperación en privado de México, sino también su apoyo público.
Es un mito que los grandes cambios en la política exterior mexicana se iniciaron en el año 2000 con la derrota del PRI en las elecciones de julio. La realidad es que la política exterior de México ha estado cambiando de manera paulatina desde hace cuando menos tres sexenios: primero, lentamente en tiempo de Miguel de la Madrid (1982-1988) con el inicio de la reforma económica o estructural en México; se profundiza con Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); y se consolida con Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000) y la etapa final de la transición. Sin embargo, hay un rompimiento entre la política exterior tradicional y la del presidente Vicente Fox.
La administración de éste ha definido la prioridad de la política exterior a partir de dos pilares fundamentales: consolidar la relación estratégica con Estados Unidos y poner en marcha una política de multilateralismo con las demás regiones importantes para México, y al interior de los diferentes organismos internacionales. En lo primero, se ha buscado aumentar y consolidar las áreas de cooperación que benefician a México (comercio y finanzas particularmente), pero conteniendo y restringiendo las áreas de conflicto (narcotráfico y crimen organizado, migración, etcétera). Además, se busca una mayor integración económica con Estados Unidos, pero conservando las diferencias culturales y de identidades: infructuosamente se ha intentado profundizar el marco institucional del TLCAN, presionando para el cumplimiento de las normas existentes, ampliando y consolidando los mecanismos de solución de controversias y de coordinación y cooperación bilateral, fomentando la creación de fondos para el desarrollo de la región y flexibilizando el marco migratorio.
En cuanto a lo segundo, México ha tenido una participación activa en las organizaciones internacionales. En lugar de ser un simple observador o actor reactivo, en todo momento ha defendido una posición clara, consistente, independiente y apegada al derecho, como ha sido tradición de la política exterior mexicana.
LA RELACIÓN MÉXICO-ESTADOS UNIDOS EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD
La administración de Fox –con el impulso sustancial del entonces canciller, Jorge Castañeda– luchó por obtener un asiento como miembro no permanente del Consejo de Seguridad para el periodo 2002-2003. México ha sido miembro del Consejo en dos ocasiones (1947-1948 y 1980-1981). Tradicionalmente México se mantuvo alejado del Consejo por varias razones: primero, porque consideraba que las normas y estructura del Consejo contravenían el principio de igualdad jurídica de los Estados; segundo, porque la efectividad del Consejo para garantizar la paz y seguridad internacionales había sido muy limitada, y tercero, porque participar en el mismo no contribuía a conseguir objetivos de interés nacional, sino que podría poner a México en una posición de enfrentamiento con las potencias mundiales, particularmente Estados Unidos.
El cambio en la política exterior mexicana conduce a una participación más activa en los foros internacionales y a la entrada de México al Consejo de Seguridad, sin deseos de cambiar la relación de cooperación estratégica con los Estados Unidos. Sin embargo, los cambios en la política exterior estadounidense han reducido el tradicional margen de autonomía de México frente a su vecino. Estados Unidos espera el apoyo no sólo en privado sino también en público de su principal socio comercial en aquellos asuntos que considere prioritarios. De modo que México se encuentra en una disyuntiva mayúscula: por una parte puede apoyar incondicionalmente las iniciativas estadounidenses a un alto costo, en términos de política interna e internacional y, por la otra, puede oponerse a las resoluciones propuestas por Estados Unidos a un costo no menos alto. Esta disyuntiva se hizo particularmente patente en las dos crisis del Medio Oriente.
Con respecto al conflicto entre Israel y Palestina, México y Estados Unidos han mantenido una posición divergente. Mientras México se pronuncia en torno de las resoluciones anteriores del Consejo, Estados Unidos, después de los atentados del 11 de septiembre, ha declarado que el primer ministro israelí Sharon tiene el derecho de defenderse de las agresiones “terroristas”. México trabajó a favor del diálogo y de una solución negociada y avalada por la comunidad internacional, condenando de forma enérgica el uso de la violencia; se ha pronunciado a favor del respeto al derecho internacional, la creación de un Estado palestino y la eliminación de los asentamientos ilegales de Israel en los territorios ocupados. Por ello ha instado a ambas partes a acatar las resoluciones del Consejo relativas al cese de las hostilidades. De hecho, el 12 de marzo de 2002, el Consejo de Seguridad aprobó una iniciativa mexicana en este tenor. Es más, desde su ingreso al Consejo, solamente en una ocasión ha sido diferente el voto mexicano del estadounidense (CS/1435-2002, sobre el cese de todos los actos de violencia y el retiro de las fuerzas de Israel de las ciudades palestinas); México votó a favor, junto con el resto de los demás miembros del Consejo, con excepción de Estados Unidos, que se abstuvo de votar. Todo esto no generó problema alguno entre ambos países. De tal manera que la pequeña discrepancia pasó inadvertida en los medios de comunicación, dado que este conflicto no representaba un desafío a la preponderancia estadounidense.
En el curso de los últimos dos años, la dinámica al interior del Consejo de Seguridad ha sido la feroz negociación entre sus miembros para conseguir resoluciones que sean aprobadas unánimemente. De las 77 resoluciones aprobadas entre enero de 2002 y febrero de 2003, todas, excepto cuatro, han sido aprobadas unánimemente con 15 votos a favor (Rusia se abstuvo en una ocasión, Estados Unidos en otra y Siria en tres más, una coincidente con Rusia). De acuerdo con esta lógica, en marzo de 2003, Estados Unidos no presentó una iniciativa de resolución que autorizara el uso de la fuerza contra Irak, ya que no negoció la no utilización del veto por parte de los miembros permanentes (particularmente Francia y Rusia) y los votos necesarios del resto de los miembros para su aprobación (especialmente notoria fue la reticencia de México, Chile y Alemania), ya que verse vencido en el seno del Consejo era muy costoso diplomáticamente.
LA RELACIÓN MÉXICO-ESTADOS UNIDOS ANTE LA GUERRA EN CONTRA DE IRAK
Estados Unidos optó por la acción unilateral en contra de Irak, buscando legitimar su decisión frente a la comunidad internacional haciendo una lectura muy laxa de la Resolución 1441. México evitó el enfrentamiento directo con Estados Unidos, dado que no tuvo que verse en la situación de emitir un voto a favor o en contra del uso de la fuerza, que no significaba otra cosa que estar con o en contra de Estados Unidos. Esto no implica que las fricciones entre México y el país vecino no vayan a ser sustanciales durante el desarrollo de la guerra, por lo que la decisión de México de ingresar al Consejo de Seguridad, conociendo los sustanciales cambios en la política exterior estadunidense, no hizo sino abrir innecesariamente un espacio de enfrentamiento entre México y Estados Unidos.
Paradójicamente, el inicio de la guerra en contra de Irak aumentó significativamente la importancia de México frente a Estados Unidos, por las mismas razones geo-estratégicas que dieron lugar a la “relación especial” entre los dos países. Así, la seguridad de la frontera sur será la prioridad en la relación México-Estados Unidos en los próximos años, para lo cual el segundo requerirá de la cooperación sustancial del primero. Por ello, los roces derivados de los discursos públicos de ambos gobiernos no conducirán a sanciones ni a represalias comerciales ni políticas oficiales del gobierno estadunidense en contra de México. Por el contrario –y para beneficio de la administración Fox frente a una abrumadora mayoría de la población mexicana en contra de la guerra en un año electoral–, el uso de la fuerza en contra de Irak ha abierto nuevamente la posibilidad, erosionada desde el 11 de septiembre de 2001, de disentir públicamente con Estados Unidos, siempre y cuando se coopere “codo a codo” en privado en los asuntos prioritarios para la potencia hegemónica, específicamente la seguridad y estabilidad de su frontera sur. Así, la relación entre México y Estados Unidos en los próximos años se caracterizará por fricciones frente a los reflectores y cooperación detrás de ellos, aunque esta cooperación se verá restringida primordialmente al tema de la seguridad –prioritario para Estados Unidos– y difícilmente se ampliará a los temas del interés de México –enmarcados en la idea de un “TLCAN-plus”, que incluya la migración, la profundización de mecanismos de cooperación comerciales, financieros, de solución de controversias y de financiamiento del desarrollo regional–.
Jorge A. Schiavon
Revista Istor no. 13 CIDE
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[1] Guadalupe González González, “Las estrategias de política exterior de México en la era de la globalización”, Foro Internacional, v. 41, n. 4, octubre-diciembre 2001, p. 638.
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